
Alcuino en la Villa de Libro (I)
La caligrafía añade un sentido a la escritura: belleza. ‘Letra bella’, significan los términos kallos y graphein. A la belleza de los contenidos semánticos, y de los sonidos hablados, le añade la belleza de los trazos. Aunque la funcionalidad se impone, se ha impuesto siempre a lo largo de la historia, como ahora que inauguramos la era del libro electrónico, algunos nostálgicos de la belleza no nos resistimos a su desaparición y en pleno siglo xxi nos adentramos en el viejo mundo de las escrituras realizadas pausadamente, trazo a trazo, preparando con cuidado y amorosa pulcritud los soportes: el pergamino, el papiro, el papel, la tinta, la plumilla, los pinceles, la respiración, la postura, la luz, el momento… Un momento que ha de ser muy especial, pues se trata ya de ‘copiar’ una obra de arte, ya de ‘recrear’ un texto que, de algún modo, recobra un nuevo sentido, el que le vamos a dar con la ‘reescritura’ caligráfica, ya de ´crear´ cuando se proponen nuevos estilos, formas o maneras de aplicar la bella escritura, o cuando se presenta ésta conquistando y ennobleciendo nuevos espacios, soportes y continentes.
La Asociación Alcuino para la Recuperación de la Caligrafía Antigua nace en el año 2006, en un encuentro de caligrafía celebrado en el Monasterio de Santo Tomás de Ávila, después de largos años recorridos en grupo, en busca de la adquisición de unas técnicas con las que aprehender el arte de la caligrafía, desde sus orígenes hasta la actualidad. Para nuestra suerte, contamos con el magisterio de calígrafos de primera línea en el panorama internacional. Keith y Amanda Adams, inglés y estadounidense, a los que la riqueza y abundancia de manuscritos españoles atrajo hasta nuestro país, donde se asentaron hace algunas décadas y donde despliegan su excelente labor caligráfica en universidades, escuelas de arte, museos, exposiciones y trabajos de lo más variado: ‘fachadas’ de edificios, bibliotecas y librerías, algunas de ellas en la Villa del Libro de Urueña.
Alcuino en la Villa de Libro (II)
Entre nuestros ‘maestros’ se encuentra también Josep Batlle i Costa, calígrafo y miniaturista, arte éste en el que destaca como uno de los mejores, capaz de reproducir, con la misma destreza y virtuosismo, las miniaturas de los grandes maestros de la época medieval y renacentista, como Rafael Destorrents o Jean van Eyck. Oriol Miró, con sus portentosos diseños de caligrafía contemporánea. Y tantos otros que nos han impresionado e influenciado profundamente.
La Asociación tiene su sede en la Villa del Libro de Urueña, (Calle Nueva, 19) a la que nos incorporamos desde sus orígenes. La Villa del Libro nos ofrece la posibilidad de impartir cursos, realizar encuentros y organizar exposiciones en un escenario medieval, literario y libresco, de un valor incalculable.
La presente exposición reúne parte de los últimos trabajos realizados por miembros de la Asociación Alcuino y algunos de sus profesores. Varios de los más representativos de nuestro quehacer no han podido estar presentes en el Centro e-LEA por hallarse colocados en otros muros, aquellos para los que fueron encargados por sus comitentes: las paredes de escritores, músicos, historiadores, presidentes de gobierno, hombres y mujeres de las artes y de las ciencias…
Es nuestro deseo procurar el disfrute, a cuantos visiten esta exposición, con la contemplación de las obras, de la misma manera que nosotros disfrutamos a la hora de crearlas.
Esperanza Serrano. Presidenta de la Asociación.
La caligrafía a lo largo de la historia (I)
La verdadera manifestación de la vida comienza con la escritura. Heráclito
La caligrafía es un arte muy antiguo y con pleno derecho tanto en oriente como en occidente. La intensidad de su mesura interna, la concentración y la extrema precisión van mucho más allá del mero juego manual o artesanal. La caligrafía auténtica, la que sirve de arbotante para la totalidad de las energías del cuerpo y de la mente para ejecutar el trazo o el arabesco, se mantiene al margen de las modas porque es intemporal.
Jeroglífica, ideográfica, fonética o alfabética, explícita o abstracta, la escritura caligráfica no es sólo funcional, por tanto no existe un único modo de formulación caligráfica, sino un mosaico de caligrafías, cada una con un estilo propio.
La forma más antigua conocida de escritura son los caracteres chinos, inventados hacia 2650 A. C. La cultura china concede una gran importancia a la caligrafía. Ésta se fundamenta en la belleza visual de los ideogramas, la técnica de su realización y los preceptos metafísicos de la cultura tradicional china.
La caligrafía occidental se desarrolla mucho más tarde y de forma totalmente independiente. Su origen es el alfabeto latino, con el que en la Edad Media escribían los monjes copistas sobre pergamino. Aproximadamente en la misma época la cultura islámica desarrolla su propia caligrafía, basada en el alfabeto árabe, y debido a la prohibición religiosa de representar seres vivos, la convierte en un arte decorativo de amplio uso en la arquitectura. Otros alfabetos se desarrollaron en otras culturas, e incluso existen hoy en día, la mayoría de ellos en Asia, y son utilizados de forma habitual en sus países.
Tras la invención de la imprenta por Gutenberg, los libros alcanzan una difusión mucho mayor que la posible hasta entonces y la caligrafía pierde importancia a favor de la tipografía. Los romanos, a golpe de cincel, esculpían sobre piedra las hermosas letras capitales, en un alfabeto que constaba únicamente de las que hoy llamamos letras mayúsculas, cuyas armónicas proporciones las han hecho llegar casi sin cambios hasta nuestros días.La omnipresente tipografía Times New Roman de los ordenadores deriva directamente de la forma de las letras romanas, como su nombre da claramente a entender.
La caligrafía a lo largo de la historia (II)
Además de las inscripciones en piedra, también escribían los romanos sobre rollos de papiro, bien imitando la letra capital o bien en una forma similar pero más simplificada y adaptada al material de soporte denominada ‘Rústica’. Para documentos más informales, los romanos usaban las letras cursivas, que a lo largo de los siglos acabarían convirtiéndose en nuestras letras minúsculas.
Los romanos fueron sustituyendo los rollos de papiro por los primeros libros, hechos inicialmente con pergaminos (pieles curtidas de animales) doblados por la mitad. Durante toda la Edad Media los monjes copiaron códices manuscritos, generalmente textos sagrados, sobre pergamino en los Scriptoria de sus monasterios. Para ellos, la caligrafía era mucho más que un trabajo: era una forma de oración.
El resultado de su dedicación fue una forma de arte: preciosas iniciales llamadas capitulares o versales, por estar situadas al principio de cada verso, diminutas ilustraciones llamadas iluminaciones (en sentido estricto este nombre se debería aplicar solamente a las que se realizaban empleando profusamente el pan de oro. El brillo de este material es la que da lugar al nombre de las ilustraciones que emplean esta técnica).
A lo largo de los siglos, el estilo de las letras evoluciona también en función de influencias culturales y de innovaciones técnicas en materiales y soportes. Así aparecen multitud de variantes:
A partir de las escrituras romanas se derivaron en la más temprana edad media las escrituras uncial y semiuncial, que alcanzan su más alta expresión artística en los manuscritos célticos de los monjes irlandeses.
El emperador Carlomagno encarga al monje Alcuino de York la creación de una escritura que será uniformemente empleada en todos los documentos de su imperio: escritura carolina o carolingia. De esta escritura surgirán más tarde y a lo largo de la Edad Media, las escrituras gótica, lombarda y otras.
El Renacimiento ve llegar las escrituras humanísticas: rotunda, cancilleresca, basadas en la antiqua, como llamaban a la carolingia.
La invención de la imprenta hace disminuir enormemente la producción de manuscritos, pero aun así, en la Inglaterra del siglo XVIII se desarrollan una serie de caligrafías cursivas de gran belleza, como la Copperplate.
La caligrafía en la actualidad (I)
La caligrafía experimenta desde el siglo XIX una especie de renacimiento en diversos países. Desde entonces no ha dejado de reconquistar paulatinamente el lugar de honor que ocupó en épocas pasadas. En la Inglaterra victoriana fue debida a William Morris, conocido como el creador del modernismo, que a mediados del siglo xix se inspira en los escribas del Renacimiento para renovar tanto la caligrafía como la imprenta, basándose en los métodos artesanales antiguos de ambos oficios. Discípulo destacado de Morris fue Edward Johnston, verdadero padre de la caligrafía moderna, cuya obra ‘Writing, and Illuminating and Lettering’ se constituyó en un clásico y un manifiesto que sirvió como referencia didáctica a los numerosos alumnos que fueron surgiendo en todo el mundo.
En 1921 se funda la ‘Society of Scribes and Illuminators’, que ofrece a la caligrafia la recuperación de su carta de nobleza y a partir de la cual vuelve a ser oficial. En la actualidad reúne a más de 1500 miembros de todo el mundo, muchos de ellos calígrafos profesionales.
Paralelamente a este movimiento inglés y a la ‘Escuela Inglesa’, en Austria (‘Escuela de Viena’) y Alemania se perfila un movimiento de igual importancia pero diferente índole, postulando la utilización de instrumentos de escritura muy variados sobre soportes diferentes: piedra, vidrio, madera, metal, textil. Todo esto constituye la base de la originalidad creativa que aporta la caligrafía alemana.
A partir de 1970, prestigiosos calígrafos ingleses y alemanes, como Sheila Waters, Donald Jackson o Hermann Zapf, continúan su labor de cursos y seminarios al otro lado del Atlántico, contribuyendo, a partir de 1980, al florecimiento de más de cien asociaciones caligráficas.
Son también muy representativas las exposiciones, entre las que destacaron algunas como ‘Calligraphy: the Golden Age and its Modern Revival’ o ‘Two thousand Years of Calligraphy’.
La caligrafía en la actualidad (II)
La ‘Calligraphy Review’, revista profesional de muy alto nivel y el gran número de reuniones caligráficas llevadas a cabo, dan fiel testimonio de la gran vitalidad de la caligrafía en Estados Unidos.
En Francia, hay que destacar la ‘Escuela de Toulouse’, en cuyo escriptorio se imparte unas enseñanzas de alto nivel, siguiendo el ejemplo de las grandes escuelas alemanas de Leipzig y Dresde, basadas en estudios paleográficos, el análisis sistemático de los trazados y la experimentación con los más diversos utensilios y soportes. Desde hace unos años casi la totalidad de los calígrafos y tipógrafos franceses provienen de este taller.
En España, la Asociación Alcuino para la Recuperación de la Caligrafía Antigua, recibe su formación de cuatro de los mejores representantes de la caligrafía en España. Es la única actualmente, tras la desaparición de la Asociación Española de Caligrafía que presidió la calígrafa francesa Laurence Cocteau.
Actualmente la caligrafía es un modo de expresión más completo que en el pasado por la importancia que va adquiriendo la materia, el ritmo, el color y lo gestual. Pero se trata de una disciplina difícil y exige un perfecto dominio de los códigos y de la capacidad para hacerlos evolucionar. Para ello es fundamental una amplia formación, generalmente son necesarios más de diez años de estudio y de práctica para alcanzar un nivel óptimo de dominio.
La Asociación Alcuino
La Asociación Alcuino para la Recuperación de la Caligrafía Antigua, la única que actualmente hay en España, tiene una historia de 4 años, y una trayectoria previa de otros 12. Está compuesta por 26 socios, 7 de los cuales son profesores y cuenta además con otros 4 profesores invitados del más alto prestigio dentro del panorama caligráfico nacional e internacional: Amanda Adams, Keith Adams, Josep Batlle i Costa y Oriol Miró i Genovart.
Toma su nombre del erudito humanista del siglo viii Alcuino de York, al que el emperador Carlomagno encomendó la creación de una nueva letra minúscula, sencilla en su ejecución, como base para la unificación de las escrituras y de la cultura del sacro imperio romano-germánico. Sencilla para que pudiera ser copiada por sus simples trazos, aunque el copista no se supiera leer. Letra que se convertiría, junto con la mayúscula romana, con el paso del tiempo y las modificaciones estilísticas de cada época, en la base de todas las escrituras posteriores.
Actualmente tiene su sede en la Villa del Libro de Urueña, donde periódicamente organiza cursos y talleres de caligrafía con el objetivo de difundir y divulgar las enseñanzas de tan hermosa y antigua manera de escribir.
Esta es la cuarta exposición que realiza como grupo, buscando siempre escenarios especiales por su interés histórico-artístico, siendo la primera la que inauguró la sala de Exposiciones del Monasterio de Santa María de Valbuena, sede de Las Edades del Hombre, y que contó con el patrocinio de la Diputación Provincial de Valladolid.
Muchos de sus socios son calígrafos profesionales, que se dedican a impartir cursos y talleres de todos los niveles y de todo tipo de escrituras, tanto occidentales como de otras culturas (china, árabe, etc.). Asimismo, realizan variados trabajos para instituciones y particulares, tanto de reproducciones de manuscritos históricos, como composiciones caligráficas modernas de gran variedad en los más diversos soportes.